Cada vez tengo más claro que nuestra salud depende única y exclusivamente de nosotros, y es acojonante, más aún viviendo en la era de las tecnologías, donde tenemos al alcance todo tipo de información, que nos empeñemos en complicarnos la vida.

Por todos es sabido la importancia de la alimentación, el papel que desempeña en nuestro organismo, y aun así solemos meterle al cuerpo grandes cantidades de mierda (muy ricas por cierto) para luego echarnos las manos a la cabeza.

En la era del ultra procesado, de la comida rápida, de los miles de aditivos que hacen que esté todo tan rico, en esta vida en la que vamos a todo trapo y sin tiempo para nada, se nos olvida darle a nuestro cuerpo una buena gasolina.

Tuve la suerte de vivir y trabajar unos  años en el macizo central francés, rodeado de vacas y de amigos agricultores y ganaderos. Allí, cuando un paciente te quería hacer un regalo, no te daba bombones, te daba una caja repleta de hortalizas de su huerto, o unos buenos trozos de carne de su ganadería…al principio me sorprendió, pero cuando se prueba eso…era otro rollo, de calidad, de sabor…Cuantas veces hemos escuchado eso de: prueba esto que del huerto de no sé quién, veras que sabor…

Poco a poco me fui dando cuenta  que los pacientes que tenía, muchas veces superaban los 90…los 100 años, y venían en su coche a la consulta, con pequeños achaques (qué menos), pero con una vitalidad y una salud de hierro.

Al volver a Madrid, no hace falta que diga que cuesta mucho volver a dar al paladar esos sabores, al igual que cuesta mucho volver a ver pacientes en consulta a esas edades.

La pregunta es, teniendo la respuesta tan cerca, sabiendo lo importante que es comer sano y bien, el no consumir productos procesados, porque seguimos dando la gasolina equivocada al cuerpo? Acaso a nuestro coche le echamos aceite del barato en vez de gasolina? Sabéis lo que le pasaría al coche en ese caso…pues lo mismo le pasa a nuestro cuerpo

Empecemos a ser responsables del cuidado de nuestra maquina, ella hará el resto.